La diabetes mellitus es una de las enfermedades endocrinas más frecuentes en la clínica de animales de compañía, caracterizada por una hiperglucemia persistente provocada por un déficit en la producción de insulina por parte de las células beta pancreáticas o por falta de sensibilidad a la misma por parte de los tejidos periféricos, con lo que aumenta la concentración de glucosa en el plasma.

Este déficit en la producción de insulina puede estar provocado por diferentes factores, tales como destrucción de las células beta pancreáticas (bien por procesos inmunomediados, degeneración vacuolar o pancreatitis). Así mismo, podemos encontrar diabetes asociadas al diestro en las hembras no castradas, ya que la progesterona y la hormona del crecimiento provocan una resistencia a la insulina. En gatos, sin embargo, los factores más frecuentes son resistencia a la insulina, pancreatitis linfoplasmocitaria o amiloidosis de

los islotes pancreáticos.

El tratamiento más frecuente utilizado frente a esta enfermedad endocrina es la insulinoterapia, unida siempre a un manejo dietético específico para dichas patologías.

¿Cómo podemos asegurarnos de que la terapia de insulina que usamos es la más adecuada?

Para ello, se emplean las curvas de glucosa, que nos permiten detectar niveles de hipoglucemia clínicamente asintomáticos, además de asegurarnos de que la dosis empleada de insulina es la adecuada para nuestro paciente.

La curva de glucosa consiste en determinar la glucemia cada 2 horas durante el intervalo completo de dos inyecciones de insulina y siguiendo el régimen habitual de alimentación e inyecciones de insulina en casa. Tendrá una duración de 12 horas en los perros en los que se aplica insulinoterapia 2 veces al día y 24 en los que se aplica una única dosis al día. Si observamos que la glucemia del paciente disminuye por debajo de 150mg/dL tendremos que medirla cada hora para aumentar la probabilidad de detectar las hipoglucemias provocadas por el tratamiento.

Con estas determinaciones de glucosa podemos obtener información con respecto a:

–  Efectividad de la insulina: es decir, la capacidad de insulina para disminuir los niveles de glucosa en sangre. Hay eficacia cuando la diferencia entre el nivel de glucemia máximo y mínimo es mayor a 100mg/dl.

  • NADIR de glucosa: que consiste en el nivel más bajo que alcanza la concentración de glucosa durante la curva, y, en base a este parámetro, realizaremos ajustes en la dosis de insulina. El NADIR debe encontrarse entre 90mg/dL y 150mg/dL. Si está por debajo del primer valor corremos el riesgo de provocar una hiperglucemia de rebote, conocido como efecto Somogyi. Confirmamos que se ha producido cuando tras la inyección de insulina hay una disminución de la concentración de niveles de glucosa por debajo de 80 y posteriormente el organismo desarrolla rápidamente una hiperglucemia compensatoria (>300mg/dL). En este caso, la dosis de insulina debe reducirse y comenzaremos nuevamente la regulación a una dosis conservadora. Si por el contrario, el NADIR permanece por encima de 150mg/dL debemos aumentar la dosis.
  • Duración del efecto de la insulina: en una curva de glucosa, la duración de la acción de la insulina se refleja en el tiempo que transcurre desde la inyección de insulina hasta que la glucemia vuelve a elevarse por encima de 250mg/dL. Los niveles de glucemia deben permanecer entre 90-250mg/dL al menos durante el 80-90% del intervalo entre dos inyecciones de insulina.

Por tanto, las curvas de glucosa aportan información relevante de cara al ajuste de la insulinoterapia en nuestros pacientes, con lo que deben utilizarse como herramienta para evaluar cada cierto tiempo que el tratamiento que estamos aplicando es el adecuado. Por el contrario, si los niveles de glucemia no se controlan existe riesgo del desarrollo de lo que se denomina diabetes complicada, o cetoacidosis diabética.

Esperanza Aranda Ortega
Servicio de Urgencias Guadiamar SVR