¿QUÉ ES Y EN QUÉ CONSISTE LA ENFERMEDAD RENAL?

La enfermedad renal crónica (ERC) es una patología muy presente en la clínica diaria tanto en perros como en gatos, sobretodo de edad avanzada, siendo más común en la especie felina.

El riñón es el órgano que se encarga de filtrar y eliminar sustancias de desecho a través de la orina, reabsorber las que son necesarias y regular la homeostasis del cuerpo. La unidad funcional encargada de estas tareas es la nefrona.

En un momento determinado de la vida de nuestra mascota puede producirse una acumulación de estos productos de desecho, generalmente urea y creatinina, a nivel sanguíneo. Son compuestos nitrogenados no proteicos cuyos niveles aumentados en sangre producen toxicidad y sintomatología variada. A este proceso se lo conoce como azotemia, y surge junto a otras alteraciones (como del equilibrio hídrico, electrolíticas y ácido-básicas) cuando los riñones no son capaces de mantener sus funciones reguladoras, excretoras y endocrinas. Al síndrome clínico resultante se le domina insuficiencia renal.

Los signos clínicos más comunes que nos hacen sospechar de insuficiencia renal son los siguientes: poliuria/polipdisia, vómitos, diarreas, letargia, depresión, pérdida de peso, úlceras bucales y/o gástricas, convulsiones y otros signos neurológicos, como por ejemplo estupor y coma en casos muy severos.

Debido a la enorme variedad de patologías que cursan con una clínica similar, lo mínimo para pacientes que presentan alguno de estos signos clínicos es realizar unas analíticas básicas: hemograma, bioquímica y electrolitos.

No siempre que en una analítica veamos azotemia significa que haya enfermedad renal. Y esto ocurre porque la azotemia puede producirse por problemas tanto previos como posteriores al riñón y se clasifica en:

  1. a) -Azotemia prerrenal.

Ocurre por disminución del flujo sanguíneo hacia el riñón alterando así su funcionalidad.

  1. b) -Azotemia postrenal.

El problema se localiza en vías urinarias bajas. Hay una alteración en la excreción de orina por obstrucción o desviación de la misma y por tanto, retención de urea y creatinina. 

  1. c) -Azotemia renal.

El problema sí se encuentra en el propio riñón. Podemos hablar de enfermedad renal con propiedad, que se define como la presencia de anormalidades funcionales o estructurales en uno o ambos riñones, que están presentes durante periodos de tiempo prolongados. Pérdida del 75% de la funcionalidad renal.

Diagnósticos diferenciales de AZOTEMIA

Prerrenal

Postrenal

Renal

– Deshidrataciones

– Insuficiencias cardíacas

– Enfermedades inflamatorias

– Enfermedades endocrinas

– Piómetras

– Etc.

 

– Cálculos

– Tapones mucosos

– Neoplasias

– Malformaciones

– Etc.

 

– Enfermedades infecciosas (leishmania, leptospira…)

– Procesos inmunomedianos

– Tóxicos

– Fármacos nefrotóxicos (AINEs, ciertos antibióticos, quimioterápicos, ibuprofeno…)

– Neoplasia

– Causas hereditarias o congénitas

– Etc.

En conclusión, una enfermedad renal produce azotemia pero la azotemia no es indicativo de problema renal.

Una vez que tras haber realizado analíticas previamente sabemos que hay azotemia, el siguiente paso es ver ante qué situación de las anteriores nos encontramos. Para ello son necesarias pruebas complementarias básicas como radiografía (para ver posibles cálculos, por ejemplo), ecografía (para valorar todo el sistema urinario al completo o si existe otra patología responsable) y análisis de orina (importante determinar tanto la densidad como la existencia de proteinuria). Pruebas más específicas como biopsia renal son necesarias a veces.

Radiografía abdomen

Ecografía renal

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las insuficiencias renales podemos clasificarlas en dos tipos:  agudas y  crónicas.

Las insuficiencias agudas ocurren de forma brusca y generalmente se deben a causas tóxicas o isquémicas. En la mayoría de los casos se puede recuperar al paciente con tratamiento adecuado o pueden evolucionar a crónica.

Las insuficiencias crónicas son las que persisten durante períodos de tiempo prolongados. Suelen ser resultado de ERC cuando ya el 75% de las nefronas, aproximadamente, no son funcionales. Estos cambios son irreversibles y perduran de por vida.

¿EXISTE TRATAMIENTO?

Lo primero que hay que resaltar es que ”no se cura” y que el tratamiento siempre es paliativo. Se trata de un proceso crónico que exige compromiso por parte del propietario. Los objetivos a conseguir son ralentizar la progresión, prevenir y tratar complicaciones y las enfermedades concomitantes.

Fluidoterapia

El tratamiento de elección, al igual que ocurre en medicina humana, es la hemodiálisis, pero en veterinaria nos encontramos con el inconveniente de que es un tratamiento caro y muy limitado ya que apenas hay centros en España que ofrezcan este servicio. La otra opción consiste en un tratamiento médico conservador basado en hospitalizaciones para la instauración adecuada de fluidoterapia, cuyo objetivo es intentar corregir la azotemia, y también tratar las alteraciones sistémicas derivadas y las que puedan agravar el cuadro. La realización de controles analíticos continuos es estrictamente necesaria para valorar la evolución y por tanto la eficacia del tratamiento, así como para la identificación temprana de nuevos desórdenes. El principal objetivo es normalizar todos los parámetros alterados. En ocasiones esto no es posible y entonces se lucha por disminuirlos lo suficiente como para que no haya manifestación clínica y el paciente pueda llevar una vida lo más normal posible. Una vez conseguido esto, se deben seguir haciendo controles periódicos para evitar nuevas descompensaciones o que no sean, al menos, graves y continuar el tratamiento prescrito en casa.

¿CUÁL SERÁ EL PRONÓSTICO?

Influyen muchos factores como el grado de implicación del propietario, la edad del paciente, la gravedad y duración de los signos clínicos, las complicaciones de la azotemia, el tipo de patología, etc. En cualquier caso, la esperanza de vida sí se ve disminuida. En una ERC, estabilizada y bien controlada, hay calidad de vida y el paciente podría vivir incluso por un largo periodo de tiempo, siendo complicado dar una estimación (puede variar de meses a años). Por el contrario, si en las primeras 24-48 horas de hospitalización los parámetros analíticos no mejoran, incluso empeoran, y los signos clínicos se agravan, no está habiendo respuesta al tratamiento y el pronóstico es grave.

¿PUEDO PREVENIRLO?

Por desgracia no, no es algo que esté en nuestras manos poder prevenir. Pero sí predecir. La ciencia avanza y con ella son cada vez más las herramientas de las que dispone la veterinaria, como es el índice SDMA. La SDMA (dimetilarginina simétrica) es un biomarcador de la función renal que aumenta antes que la creatinina, pudiendo identificar la ERC mucho más temprano.

Laura Fernández Prado

Departamento de Medicina Interna y Emergencias

Hospital Veterinario Guadiamar. Servicio Veterinario de Referencia

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